Mientras dormía no sé durante cuanto tiempo, escuché un pitido que me molestaba demasiado. Aturdida abrí los ojos, y me dí cuenta de que era el MP3 el que estaba pitando porque se le estaban acabando las baterías. Con un ataque de furia cogí el MP3 y lo tiré al suelo, en el mismo momento me mostré arrepentida por lo que había echo, así que me levanté muy rápido y cogí el MP3 como si fuera un niño pequeño que se había caído. Cogí el cargador y lo puse a cargar. Al rato con dolor de cabeza y un poco de fiebre lo encendí para ver si funcionaba, y funcionaba perfectamente, aunque tenía el cristal un poco arañado o mejor dicho un poquito roto.
- Buenas Bella, ¿qué haces?-. Me preguntó Carlisle mientras me veía con mala cara, pero entusiasmada por el MP3.
- Estoy… pues… que… el MP3, casi se me parte-.
- Humm… Te veo mala cara, supongo que estas mala, ¿verdad?-.
- Pues sí, tengo un poco de fiebre y algunos dolores de cabeza y mareos-.
- Bueno me voy, cuando vuelva te revisaré ¿vale?-.
- Vale…-.No me dio tiempo a terminar la palabra cuando Carlisle ya había salido por la puerta.
No me encontraba muy bien así que me volví a acostar en el sofá. Aburrida encendí la televisión y solo echaban noticias un poco desagradables como; un edificio se ha derrumbado, a muerto no se quién, ha habido un accidente, un enciendo en el centro comercial de Los Ángeles,… Cosas a las que en esos momentos no lo pillaba el sentido. Me acurruqué y dí unas cabezadas como un zángano sin hacer absolutamente nada durante un día. Aburrida, me levanté y con el pijama blanco con flores rosas y me fui a pasear al jardín de atrás. Corté un rosa de color fucsia de un matorral, y la eché en agua para ver si crecía o algo, simplemente por aburrimiento, pero la reproducción de las plantas son muy lentas y yo necesitaba algo más rapidito para distraerme. Aunque tenía un dolor de cabeza impresionante, me avanzaba por segundos. Me notaba como si mi cabeza fuera una pelota de baloncesto que rebotaba con la pared cada vez mas fuerte, y mas fuerte, y mas fuerte… Me tomé una pastilla que tenía un gusto horrible. Por una o dos horas se me fue el dolor, pero después volvió. Entonces, vi a mi estrellas entrar por la puerta.
- ¡Edward!-. Grité animada sin sabes la razón.
- ¡Dime!¿Ha pasado algo?¿Estas mejor?-.
- No, no ha pasado nada. Y sí, si estoy mucho mejor-. Le dije engañandole.
- No me puedes mentir, sé que no estas demasiado bien-.
- Verdad, no te puedo mentir-. Me rendí
- Bueno te voy a distraer un poco-.
- No, no, no hace falta que te molestes-.
- Da igual, tengo el parchís en ese mueble-. Se levantó a coger el parchís, se sentó a mi lado y puso el tablero entre mi pierna derecha y su pierna izquierda. Yo era el color rojo y él el azul. Hicimos tres rondas, a las que él me iba ganado. Yo solo había ganado una la segunda partida y el ganó la primera y tercera partida, aunque íbamos ya por la cuarta. Perdí, perdí de nuevo.
- Ya ves, soy invencible-. Me reprochó Edward sonriendo.
- Bueno yo me alegro-. Le dije fríamente.
- Y ahora…¿me puedes dejar espacio para tirarme en el sofá?-. Le pregunté educadamente.
- Mm… espera que lo piense, sí. El sofá el solo para ti-.
Me tiré en el sofá como una mula, con la cara más pálida de lo normal, volví a coger una manopla húmeda para ponérmela en la frente.
No sabía a que venía esta fiebre. Pero cada vez me preocupaba más ya que al ponerme el termómetro me dio treinta y nueve coma veintidós grados de temperatura. Si mañana seguía igual le pediría ayuda a Carlisle haber que me podría decir.