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¡ANUNCIO!

Hola, os quería decir que el capítulo número 16 de nombre “Camping´´  es el último capítulo de la PRIMERA TEMPORADA, ¡ojo! la PRIMERA TEMPORADA, no quiere decir que no vaya a escribir más sobre Crespúsculo S: Esta temporada termine, pero…. yo sigo escribiendo y a quien le interese dejo aquí mi nuevo blog que es:  http://latristelocura.wordpress.com
Espero que os guste, solo voy por el tercer capítulo recién escrito (:

CON MUCHOS BESIITOS LALÍN!

16 – Camping

Íbamos de camping, aunque algunos de los Cullen iban a jugar al béisbol. Todos teníamos muchísimas cosas en las manos. Edward, Carlisle, Emmet y Jasper montaban las tiendas de campaña, Rosalie y Alice charlaban, mientras Esme paseaba observando las flores y yo estaba sentada en una roca un poco marginada sin hacer nada.

– ¡Bella vente! -. Me animó Alice mientras caminaba hacia mí.
– ¿Qué? Ah si, si… Ahora voy – dije aturdida-. Me levanté hacia ella, casi nos chocamos.
– ¿De qué hablamos ahora? – comentó de mala manera Rosalie-. En ese momento ya estábamos Alice y yo junto a ella.
– Pues,… ¿Os…? bueno mejor dicho, ¿te da miedo la oscuridad?-. Rió Alice dirigiéndose a mí.
– No. – le respondí fríamente sin motivos-. Después seguimos hablando de “cosas de chicas´´ por decirlo de alguna forma, aunque debería de decir “cosas de vampiras´´.
Preferí irme a dar un paseo por el monte que a escuchar de lo que hablaban, me fui sola. Sin que nadie me viera, aunque supongo que lo intuirían o algo así.

Mientras cantaba noté que alguien me vigilaba, y de echo tenía razón. Cuando me dí la vuelta para irme del miedo una chica que me sonaba de algo se me apareció delante.
– Hola preciosa, ¿te acuerdas de mí?- me dijo una chica que no reconocía.
– No, no me acuerdo de ti… Ah sí, espera eres…. -. Era Delia Sdool, la que nos “visitó´´ en la isla. Alice, no sé como intuyó donde estaba y que me querían hacer que yo no lo sabía.
– Bella tranquila ya estamos aquí – me tranquilizó Edward-. Estaba a mi lado.
– ¿Qué quieres?- preguntó Rosalie-.
– Dejad a mi hermana – gritó Jhon Sdool de repente-. Salió de la nada.
– Pues dejad de perseguirnos pesados, y dejad tranquila a Bella – Les gritó Rosalie muy valiente-.
– Humm, pensaba que estaba sola- dijo Delia- Disculpa-.
– ¡Vayámonos Bella ! – Me avisó Edward mientras me cogió de la mano-.
– Mentirosos… – murmuró Alice.

Menos mal que vinieron a salvarme o si no ya estaría echa añicos.

– ¿Con ellos no habrá que hacer como con el otro, no?-. Pregunté.
– ¿Qué otro?- me contestó Edward-.
– Aish, el hombre ese que casi me meta que no me sale el nombre-.
– Ah no tranquila, estos no te van ha hacer daño se han dado cuenta de que estamos muy unidos no se atreverían-.
– Puf… ¡Menos mal!-.
Entonces, me miró. Se puso delante de mí y me dijo:
– No dejaría que nada te hiciera daño-.
Me puso sus fríos labios en los míos, sentí como sus largas manos me abrazaban. Y me besó.

Después de dos días con una fiebre extraña, me decidí ir al médico, mejor dicho consultárselo a Carlisle. Llamé a Esme.
– ¡Esme!¡Esme!-. Grité
– Sí, cariño-. Contestó dulcemente. Entonces bajé el tono de mi voz.
– ¿Dónde está Carlisle?-.
– Humm… Dejame pensar, me parece que en su despacho-.
– Vale, gracias-.
– ¿Por qué?¿Necesitas algo?-.
– No, no gracias-.
Después de que Esme se fuera a no sé donde, me levanté trastornada del sofá, ande hacia las escaleras como una borracha y cuando llegué me tuve que agarrar a la barandilla y dejar caer ahí todo mi peso. Agarrada a la barandilla subí las escaleras sin soltarme ni un segundo. Trastornada, busqué el despacho de Carlisle, y al ver tantas habitaciones se me triplicaron, empecé a dar vueltas en redondo, todo me daba vueltas, hasta que… vomité. Carlisle me escuchó y vino a socorrerme, cuando llegó me encontraba tirada en el piso y manchada de vómito. Me llevó a la duchá y me empapó de agua fría. Fui mejorándome.
– Te voy a bañar y luego te inspeccionaré-.
– No, Carlisle, de verdad. Yo me ducho sola-.

Vale, si necesitas algo gritas, estaré esperando en la puerta-.

Mientras me duchaba, me dí cuenta de que tenía como un moratón un poco más arriba del tobillo, no sabía de que podría ser, porque no me había dado ningún golpe. Aún tenía un poco de marea y náuseas y no sé si tenía fiebre. Me rodeé una toalla al torso y otra más pequeña a al pelo, ande hasta mi habitación y me vestí con un camisón blanco con flores rosas. Me sequé mejor el pelo y me puse una cola. Entré en el despacho de Carlisle, donde él me esperaba impaciente. Me observó con no sé cuantos aparatitos.
– Bueno,… No te veo nada malo- dijo- Pero…-. Le interrumpí.
– Pero yo no me encuentro nada bien y ya me has visto como estoy.
– No sé, pero hay algo que no funciona bien en tu organismo-.
– Mira tengo algo en el tobillo, no sé si tendrá algo que ver-.
– Haber…¿en qué pierna?-.
– En la derecha, mira-. Le levanté la pierna mientras hablaba.
– Es una garrapata-.
– ¿¡Quééé!? ¿Y es grave?¿Tiene algo que ver con la fiebre y todo eso?-. Pregunté asustada.
– Sí, pero tranquila tiene cura. Está hay no se ha movido iremos al hospital y te la sacaré allí.
Me cogió del brazo y me ayudó a bajar al escaleras, siguió ayudándome hasta que me senté en el coche, exactamente en el asiento del copiloto. Carlisle conducía igual de rápido que todos los Cullen. Cuando bajamos me volvió ayudar hasta llegar a una habitación llena de productos higiénicos, etc…

Me sentó en un camilla, luego cogió un pequeño cúter y le echó alcohol. Me hizo una pequeña apertura en el lugar donde se situaba el bicho yo, muerta de dolor de no haberme puesto anestesia me agarraba a los filos de la camilla como si me fuera a caer de un barranco. La pierna comenzó a sangrar, cogió un bote de desinfectante y me echó un chorro en la herida, luego sacó de una pinza que estaba empaquetada en una bolsita de papel y con ella sacó a la garrapata. Yo tenía los ojos en blanco del dolor que tenía, las manos ya llenas de sudor, me mordía el labio inferior para revelarme contra aquel intenso dolor y a los segundos me desmayé. Ya no recuerdo más.
Cuando desperté estaba en una habitación diferente a la anterior, pero seguía en el hospital. Me miré el pie y me vi la herida cerrada con puntos. Entonces fui fijando en la habitación y me di cuenta de que allí estaba Edward, observándome, como si nada.

Mientras dormía no sé durante cuanto tiempo, escuché un pitido que me molestaba demasiado. Aturdida abrí los ojos, y me dí cuenta de que era el MP3 el que estaba pitando porque se le estaban acabando las baterías. Con un ataque de furia cogí el MP3 y lo tiré al suelo, en el mismo momento me mostré arrepentida por lo que había echo, así que me levanté muy rápido y cogí el MP3 como si fuera un niño pequeño que se había caído. Cogí el cargador y lo puse a cargar. Al rato con dolor de cabeza y un poco de fiebre lo encendí para ver si funcionaba, y funcionaba perfectamente, aunque tenía el cristal un poco arañado o mejor dicho un poquito roto.

– Buenas Bella, ¿qué haces?-. Me preguntó Carlisle mientras me veía con mala cara, pero entusiasmada por el MP3.
– Estoy… pues… que… el MP3, casi se me parte-.
– Humm… Te veo mala cara, supongo que estas mala, ¿verdad?-.
– Pues sí, tengo un poco de fiebre y algunos dolores de cabeza y mareos-.
– Bueno me voy, cuando vuelva te revisaré ¿vale?-.
– Vale…-.No me dio tiempo a terminar la palabra cuando Carlisle ya había salido por la puerta.

No me encontraba muy bien así que me volví a acostar en el sofá. Aburrida encendí la televisión y solo echaban noticias un poco desagradables como; un edificio se ha derrumbado, a muerto no se quién, ha habido un accidente, un enciendo en el centro comercial de Los Ángeles,… Cosas a las que en esos momentos no lo pillaba el sentido. Me acurruqué y dí unas cabezadas como un zángano sin hacer absolutamente nada durante un día. Aburrida, me levanté y con el pijama blanco con flores rosas y me fui a pasear al jardín de atrás. Corté un rosa de color fucsia de un matorral, y la eché en agua para ver si crecía o algo, simplemente por aburrimiento, pero la reproducción de las plantas son muy lentas y yo necesitaba algo más rapidito para distraerme. Aunque tenía un dolor de cabeza impresionante, me avanzaba por segundos. Me notaba como si mi cabeza fuera una pelota de baloncesto que rebotaba con la pared cada vez mas fuerte, y mas fuerte, y mas fuerte… Me tomé una pastilla que tenía un gusto horrible. Por una o dos horas se me fue el dolor, pero después volvió. Entonces, vi a mi estrellas entrar por la puerta.
– ¡Edward!-. Grité animada sin sabes la razón.
– ¡Dime!¿Ha pasado algo?¿Estas mejor?-.
– No, no ha pasado nada. Y sí, si estoy mucho mejor-. Le dije engañandole.
– No me puedes mentir, sé que no estas demasiado bien-.
– Verdad, no te puedo mentir-. Me rendí
– Bueno te voy a distraer un poco-.
– No, no, no hace falta que te molestes-.
– Da igual, tengo el parchís en ese mueble-. Se levantó a coger el parchís, se sentó a mi lado y puso el tablero entre mi pierna derecha y su pierna izquierda. Yo era el color rojo y él el azul. Hicimos tres rondas, a las que él me iba ganado. Yo solo había ganado una la segunda partida y el ganó la primera y tercera partida, aunque íbamos ya por la cuarta. Perdí, perdí de nuevo.
– Ya ves, soy invencible-. Me reprochó Edward sonriendo.
– Bueno yo me alegro-. Le dije fríamente.
– Y ahora…¿me puedes dejar espacio para tirarme en el sofá?-. Le pregunté educadamente.
– Mm… espera que lo piense, sí. El sofá el solo para ti-.
Me tiré en el sofá como una mula, con la cara más pálida de lo normal, volví a coger una manopla húmeda para ponérmela en la frente.

No sabía a que venía esta fiebre. Pero cada vez me preocupaba más ya que al ponerme el termómetro me dio treinta y nueve coma veintidós grados de temperatura. Si mañana seguía igual le pediría ayuda a Carlisle haber que me podría decir.

13 – Resfriada

Estábamos Edward, Alice y yo sentados en el sofá, cuando de momento me entró una tos seca y molesta. Me puse la mano en la boca para que mis tos no molestara a los demás.
– ¿Estás bien?-.Me preguntó Alice, con un tono de preocupación.
– Sí,sí….sí-. Le repsondí mientras seguía tosiendo.

– Te encuentro un poco pálida y los ojos muy brillantes, como perlas-. Dijo Edward muy preocupado por mí.
– ¿A sí? Pues yo me encuentro fenomenal-. Los animé.
– Daría lo que fuese por apostar de que tienes o te vas a poner con fiebre-. Me aseguró Alice, sin ninguna mala intención.
– La verdad es que me duele un poco la cabeza-. Les afirmé, mientras me llevaba la mano a la cabeza para comprobar si tenía fiebre. Luego subí hacia la habitación. Mientras iba de escalón en escalón me sentí mareada, como si estuviera perdiendo la mente. Entonces sin dudarlo fui más rápido hacia arriba no fuéra a ser que me desmayara por las escaleras y me viera en el hospital.

Entré en el cuarto de baño, busqué el termómetro y mientras los buscaba, cogí una manopla y la humedecí. Bajé y ya no estaban ni Alice ni Edward sentado en el sofá, se habían dispersado. Entonces me acurruqué muy cómoda en el sofá, me puse el termómetro y la manópla húmeda por encima de la frente. Me quité el termómetro y me pareció que sí tenía friebre, cuando lo miré tenía treinta y ocho grados y pico. Para mejorarme cogí una revista de moda que estaba encima de la mesa, pero mi intento de mejora no me sirvió de casi nada. Me mareé aún más al ver aquellas pequeñas letras que no se veían nada.

Cuestión de dos horas, no notaba la existencia de nadie en la casa, es como si todos hubieran desaparecido. Me volví a poner el termómetro. Hice el esfuerzo de levantarme, y lo conseguí. Abrí el cajón del mueble de la entrada y cogí mi MP3. Me volví a tirar en el sofá y exactamente cuando encendí el MP3, me dí cuenta de que me tenía que quitar el termómetro para ver mi temperatura y ahora tenía treinta  y ocho, pero estaba más cerca de treinta y nueve grados de temperatura. Me puse los cascos y me quedé dormida mientras escuchaba la música grabada en el MP3.

Ya hacíamos las maletas para volver a Forks. Yo ya no corría peligro de extinción por decirlo de alguna forma. Cuando salí de la casa con las tres pesadas y grandes maletas Edward vino corriendo para ayudarme.
– ¿Dónde está Alice?-. Le pregunté muy interesada por ella.
– Se fue después de que tú desayunaras-. Me contestó y me alzó un sonrisa.
– Supongo que se habrá ido corriendo, ¿verdad?-.
– Sí-. Me dijo mientras me llevaba las maletas dentro del avión privado, esa idea de ir en avión privado me fascinaba, el avión era maravilloso; por afuera era plateado y negro, pero por dentro era fresco y muy amplio. Mientras volábamos me entró mareo y vomité, me alegro porque no manché nada y espero que no le cayera a ninguna gaviota.
– ¿Estás bien Bella?-. Me preguntó Edward mientras pilotaba.
– Ya estoy mejor-. Le aseguré.
– Si te encuentras otra vez mal me lo dices-. Me comentó.
– OK, te lo diré-. Le afirmé sinceramente.
Ya estábamos cerca de Forks según me decía él. Aterrizamos en suelo plano de asfalto
donde ponía una H con pintura blanca rodeada de pintura azul. Me dio la impresión nada más al bajar que quedaba poco para llegar a la casa de los Cullen, le abrí paso a unas ramas que estaban por mi altura y me di cuenta de que estábamos ya en la casa de los Cullen. Estaba harta de la arena y el calor, será porque ya me estaba acostumbrando al frío y a la lluvia pienso yo. Se me había olvida por completo hacía cerca de un mes que no miraba mi correo para ver si tenía alguno de mamá, tiré las maletas en el suelo y corrí directa hacía la sala de estar donde se encontraba el ordenador, tenía mas de cincuenta correos de mamá. Los leí uno a uno, en casi todo me ponía que estaba muy preocupada por mí, tarara, tarara… pero el que más me ilusionó es el segundo correo que me había enviado no se como se acuerda de mi película preferida ya que yo casi no me acordaba en el correo me ponía:

Hola cariño, soy mamá. ¿Te acuerdas de pequeña cuando te gustaba Harry Potter? Pues he encontrado un blog ficsharrypotter.wordpress.com espero que te guste. Y no comas mucho chocolate que vas a engordar.

MAMÁ XXXXX

Me agradó mucho que se acordará de mi película y actor favorito yo le envié un e-mail que le contestó a todas sus preguntas, la pobre tendría que estar muy preocupada por mí me ponía mucho emoticonos con caritas tristes o llorando. Después de cerrar el correo me metí en la página que me había recomendado y me gustó mucho, leí todos los capítulos y de hay en adelante decidí ser una lectora de ese blog.

Ya llevábamos cinco días en Isla Esme y ya estaba muy bien de mi quemado. Yo estaba en la hamaca que colgaba de dos palmeras, de repente vino Edward y me cogió en brazo inesperadamente. Me llevó hacia la sala principal de la casa, cerró todas las puertas, las ventanas…
– ¿Qué pasa?-. Le pregunté
– Vienen vecinos, te han olido-. Me contestó mientras se quedaba completamente parado.
– La isla no era privada-.
– Sí, pero te han olido y quieren saber quien eres-.
– Pues que me vean-.
– Pero, son dos, corremos el riesgo de que uno vaya a por ti y otro a por mí-. Me contó preocupado.
Tock, tock. Sonó la puerta, yo me sobresalté. Edward, abrió la puerta y…
– ¿Alice? ¿Qué haces aquí?-. Le pregunté a ella.
– Vengo a defenderos, dentro de poco llegaran los refuerzos, ja,ja,ja…-. Se rió burlona.
– ¿Sabes quienes son?-. Le preguntó Edward a Alice.
– Sí, Delia Sdool y Jhon Sdool-. Afirmó.
– Es mejor que nos vayamos-. Opiné.
– No, será peor, olerán tu miedo e irán más rápido por ti-. Con lo que me dijo Alice me asusté.
– ¡Tranquila! Ya no te va a pasar nada-. Me aseguró Edward.
– OK, creo en vosotros-. Dije yo muy confiada de mí misma.
– Vengo corriendo-. Dijo Alice.
– ¿Me has leído la mente?-. Le pregunté muy segura de lo que había hecho.
– Mm, sí-. Me afirmó.
Entonces se escucharon unos golpes en la puerta. Alice se puso delante mía y me dijo que me soltara el pelo. Yo le hice caso, por mi bien.
– Sé que estas hay, humana-. Gritó Jhon Sdool. Edward abrió la puerta.
– Hola, ¿qué buscáis?-. Preguntó.
– Veo que traéis comida, invitadnos-. Dijo muy animado Jhon, su hermana estaba a su lado.
– No es comida-. Me protegió Alice.
– Me iré por el momento, pero procurad que no se quede sola, no puedo guardarme mis ansias-. Nos amenazó. Después de la amenaza se marchó. Sinceramente no me daba miedo, o quizás sí, un poco, pero no mucho. El día se me hizo corto, ya era la hora de cenar. Bueno de que yo cenara. Alice corrió a buscar un animal para comer, después de venir Alice, Edward buscó otro. Yo no tenía ganas de dormir así que me fui arriba, al cuarto. Encendí la radio y me puse a bailar mientras me leía un libro sobre la cama. Alice para que yo estuviera segura “durmió´´ esa noche conmigo.